A continuación relatamos el proceso de diseño
llevado a cabo para la obtención de un logo para una editorial
apremiada por la salida de su primera publicación. El proyecto
literario desde mucho tiempo en gestación
contaba con un
nombre “Efory Atocha” el cual condicionaba totalmente la
realización del proyecto.

Efory es un termino africano vinculado
con la práctica de la santería que también se usa, como
es el caso, para
referirse a la planta de la marihuana
(cannabis sativa). Atocha hace referencia a la gran estación
madrileña,
punto de entrada y salida de la ciudad, donde
confluyen todos los medios de transporte.
El cliente
nos comunicó su deseo de fusionar ambos elementos y hacerlos
presente en su identidad final, por
cuanto eran en si
mismo dos conceptos estrechamente vinculados al surgimiento
de su proyecto. Aun así, o
quizás sabiendo que no sería
fácil conjugar dichos conceptos, nos propusimos trabajarlos
por separado, esperando que un buen resultado pudiera modificar
las aspiraciones iniciales del cliente.
El edifico original de la estación
de Atocha, construido
a partir del año 1888 es hoy una superfície comercial
e invernadero. Destacan de este, su gran cubierta de
hierro acristalado, una característica fachada, y unos
galápagos
que habitan en su interior. En 1992 se construyó un edificio
para acoger la nueva
terminal, situada detrás de la antigua, destacan de esta nueva construcción:
la torre del reloj y un gran edificio de planta circular
La búsqueda de alternativas a partir del uso de la torre
del reloj y del reloj en si, no nos condujo a una buena
solución, primero porque no lo considerábamos un elemento
verdaderamente significativo, segundo porque el
resultado
era poco reconocible y tercero porque la torre
en si nos obligaba a demasiada verticalidad.

Se realizaron algunos bosquejos
a partir de la simplificación del edificio antiguo, pero
se descartaron
rápidamente ya que el frecuente uso del logo a una escala
muy reducida, haria difícil su reconocimiento.
El uso de la estructura
metálica acristalada en cambio nos condujo a una propuesta
que nos gustaba porque
poseía un relativo nivel de abtracción.

Un rápido análisis morfológico de la hoja nos condujo a dos variantes, una más simplificada que la otra.

Algunas de las propuestas realizadas a partir de la hoja de la marihuna aunque extremadamente simples
en cuanto a significados, nos parecían formalmente dignas de ser consideradas.

Otras donde la planta se emplea en lugar del cabello, pareciendo la cabeza una maceta nos transmitía
la idea de la importancia de este elemento en la búsqueda del conocimiento y la introspección.

Finalmente nos dispusimos a fusionar ambos elementos
al ser este el deseo de nuestro cliente.
En una primera variante introducíamos parte de la hoja, en la fachada acristalada
del edificio antiguo.
En otra jugamos con estos elementos formando las líneas paralelas de la
vía férrea.

En nuestra última propuesta partimos de la rueda alada
incorporada en la parte superior del reloj de la
fachada de la antigua estación
de Atocha (símbolo de un antiguo ministerio de tramporte o algo así ).
Sustituimos
las alas por hojas de marihuana, las
cuales a propósito, son capaces de transportarnos incluso,
mucho
más allá de una simple dimensión terrenal.
Esta propuesta fue conciderada por nuestro cliente como la más adecuada a
sus propositos, puesto que
combina como era su deseo: Atocha con la planta de la marihuana. En cuanto
la vio dijo "esto es lo mío".


"Procurar un acercamiento a la Literatura,
el Arte, la Crítica, y ser transportados
por los sanos humos de un tren propulsado por cannabis era una intención a destacar.
La conciliación de la naturaleza y el pensamiento: sin trabas ni desdobles.
Desinflar la celulítica ortodoxia interesada en permanecer la demonización de
la yerba. Afincar un paraíso virtual donde confluir, sin arrepentimientos baudelaireanos,
determinados creadores. Alguna vez supe que en alguna lengua lejana de la África
más negra Efori significaba: Plante. Siendo Eleggua el Niño de Atocha. Eleggua:
deidad precolombina capaz de sobrevivir a la esclavitud y la tecnología más futurible,
vivo en cada rincón dentro de la isla y en las más remotas tierras:
testigo del éxodo tantas veces reiterado.
Resido en la ciudad de Madrid hace ya los suficientes
años como para poder comenzar a sentirla propia.
Aquí han sucedido los hechos más importantes de mi
vida, posiblemente. El que tomara uno de sus nombres
claves para entrar o salir de la ciudad no podrá
ser tomado de otra manera: un modesto y sincero homenaje.
Un guiño irreverente, aunque con seso, que posiblemente
dentro de pocos años también será cosa del pasado.
Gracias a Rogelio Portal el camino se ha sintetizado.
Su capacidad para comprender,
transformar, interpretar
y sobre todo, crear -contra reloj- es absolutamente
sorprendente. Con escasos días y pocas conversaciones
sus propuestas fueron
todas contundentes. Mi agradecimiento
será eterno entonces para el diseñador,
artista,
Rogelio Portal, pues ya nuestras ediciones tienen
rostro, se pueden
diferenciar, ser distinguidas.

"Desde lejos, con
la premura habitual de muchos encargos y la angustia
por no disponer de más tiempo, le metimos mano
y cabeza a este encargo, codicionados además,
por la extraña mezcla indicada en su nombre. El
cliente se mostró satisfecho
y lo vió claro, a la hora de decidirce
por una de las propuestas precentadas, extraña y sacada,
como se dice, debajo de la manga. Por nuestra parte,
pensamos que nos faltó algo de tiempo y vernos cara a
cara, algo que nunca está de más, pero...
cliente contento,
nosotros un portento"
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